mercredi 27 juin 2012

Yo tan ególatra.



Estuve sentada sobre la cama un rato más y pensé en mi y en que yo si que admiro a esas personas que prestan su atención a las situaciones sociales, quienes hablan y opinan sobre política, futbol y programas de televisión, como que hasta los envidio mucho.




Me parezco absurda con ese modo tan mío de limitar mi capacidad de raciocinio al análisis de mi individualidad, y a veces intento engañarme haciéndome creer que pienso en la sociedad, en las situaciones que no me involucran propiamente, pero sólo llego a hacer descripciones imaginarias, nada innovador, nada más. 

Es triste incluso, que por más que intente y me esmere en disminuir mi egocentrismo, por más qe finjo que es real mi preocupación por los problemas del país, no puedo engañarme a mí misma, y eso me desanima, el saber que cuando hago una "buena obra" no es por altruismo, sino es para sentirme buena persona o algo así, descubrirme así es terror puro, es saber que muy probablemente soy una persona como que falsa.

A pesar de mis 20 años aún no soy lo suficiente madura mentalmente como para tomar la responsabilidad de pensar en mi país y esas cosas grandes, en tener la intención de sentarme ante el televisor para escuchar las noticias y demás con el propósito de hacer algo no precisamente para sentirme bien porque hice algo, sino sólo por alguna especie de filantropía... y lo deplorable es que me siento mal por esto de mi egocentrismo, me siento mal porque en el fondo no me siento mal.





dimanche 10 juin 2012

Sobre diferencias.






By Julian Broad et al.

"I didn't want to kiss you goodbye

- that was the trouble -


I wanted to kiss you goodnight. And there's a lot of difference".




Ernest Hemingway.











mercredi 6 juin 2012

Describe racionalmente los efectos irracionales del amor.



Por Sor Juana Inés de la Cruz



By J. Sánchez



Este amoroso tormento
que en mi corazón se ve,
sé que lo siento, y no sé
la causa porque lo siento.

Siento una grave agonía
por lograr un devaneo,
que empieza como deseo
y para en melancolía.

Y cuando con más terneza
mi infeliz estado lloro,
sé que estoy triste e ignoro
la causa de mi tristeza.

Siento un anhelo tirano
por la ocasión a que aspiro,
y cuando cerca la miro
yo misma aparto la mano.

Porque, si acaso se ofrece,
después de tanto desvelo
la desazona el recelo
o el susto la desvanece.

Y si alguna vez sin susto
consigo tal posesión,
cualquiera leve ocasión
me malogra todo el gusto.

Siento mal del mismo bien
con receloso temor,
y me obliga el mismo amor
tal vez a mostrar desdén.

Cualquiera leve ocasión labra
en mi pecho, de manera,
que el que imposibles venciera
se irrita de una palabra.

Con poca causa ofendida,
suelo, en mitad de mi amor,
negar un leve fervor
a quien le diera la vida.

Ya sufrida, ya irritada,
con contrarias penas lucho:
que por él sufriré mucho,
y con él sufriré nada.

No sé en qué lógica cabe
el que tal cuestión se pruebe:
que por él lo grave es leve,
y con él lo leve es grave.

Sin bastantes fundamentos
forman mis tristes cuidados,
de conceptos engañados,
un monte de sentimientos;

y en aquel fiero conjunto
hallo, cuando se derriba,
que aquella máquina altiva
sólo estribaba en un punto.

Tal vez el dolor me engaña
y presumo, sin razón,
que no habrá satisfacción
que pueda templar mi saña;




y cuando a averiguar llego
el agravio porque riño,
es como espanto de niño
que para en burlas y juego.

Y aunque el desengaño toco,
con la misma pena lucho,
de ver que padezco mucho
padeciendo por tan poco.

A vengarse se abalanza
tal vez el alma ofendida;
y después, arrepentida,
toma de mí otra venganza.

Y si al desdén satisfago,
es con tan ambiguo error,
que yo pienso que es rigor
y se remata en halago.

Hasta el labio desatento
suele, equívoco, tal vez,
por usar de la altivez
encontrar el rendimiento.

Cuando por soñada culpa
con más enojo me incito,
yo le acrimino el delito
y le busco la disculpa.

No huyo el mal ni busco el bien:
porque, en mi confuso error,
ni me asegura el amor
ni me despecha el desdén.

En mi ciego devaneo,
bien hallada con mi engaño,
solicito el desengaño
y no encontrarlo deseo.

Si alguno mis quejas oye,
más a decirlas me obliga
porque me las contradiga,
que no porque las apoye.

Porque si con la pasión
algo contra mi amor digo,
es mi mayor enemigo
quien me concede la razón.

Y si acaso en mi provecho
hallo la razón propicia,
me embaraza la justicia
y ando cediendo el derecho.

Nunca hallo gusto cumplido,
porque, entre alivio y dolor,
hallo culpa en el amor
y disculpa en el olvido.

Esto de mi pena dura
es algo del dolor fiero;
y mucho más no refiero
porque pasa de locura.

Si acaso me contradigo
en este confuso error,
aquél que tuviere amor
entenderá lo que digo.




samedi 2 juin 2012

La importancia de leer cuentos de hadas.

Y es que resulta todo tan trágico y dramático cuando una prefiere leer tragedias y dramas. 
Porque yo comencé en mi infancia con misterios para detectives, luego pasé a la adolescencia adoleciéndome el corazón por las historias trágicas y con noches sin dormir por mucho suspense. Y en mi pre-adultés yo tan fascinada y conmovida por el romance, ya fuera trágico o dramático, jamás como las películas de princesas felices; y a veces lo lamento.

Mi hermana no llega a casa, y no hay quién se pueda comunicar con ella desde hace 12 horas.

Cuando no se han leído más cuentos de hadas, cuando el "y vivieron felices para siempre" nunca fue clásico porque no se ha leído nada que termine así, a veces dan ganas de no ser como se es,  dan ganas de haber tenido la intención de leer cuentos de princesas felices.

Si me detengo a pensar en qué pasó con mi hermana, solo imagino tragedias, trato de ser optimista, ¡ah, pero cómo me castiga y me tortura esta imaginación mía! Y lo boba que me siento al saber que mi aflicción solo fue causada por una historia más, no por una situación real. 

Pero esta vez no sé. Regreso a pesar de las experiencias vergonzosas de mis auto-engaños mentales sin intención, y me imagino tragedias, siempre las peores, sin poder evitarlo, aunque esta vez se trata de mi hermana.

Para aprender a imaginar cosas bonitas, para eso sirven los cuentos de hadas.