lundi 10 décembre 2012

Perforó mi corazón de un tiro con un rifle de gran calibre.






No sé cómo.

Quisiera embriagarme como los señores con el corazón roto, pero no, eso es muy masculino.

Tomar té no me relaja, ya intenté comenzar a leer varios libros, algunos nuevos e incluso mis favoritos y no puedo concentrarme, tampoco puedo refugiarme en mis libros de medicina pues mis ojos sólo rozan las letras sin poder leer, no tengo ganas de hacer alguna manualidad y el piano no merece que lo recargue de estos sentimientos que pueden catalogarse como negativos. No quiero salir a la calle en bici porque me da pena ir con el rostro húmedo de lágrimas y mis ojos irritados, inflamados; no quiero platicar con alguien porque no hay tiempo que quiera quitar ni hay pena que quiera inspirar. No me bastó escribir en mi diario ni ponerme a hacer aseo en la casa. No sé qué hacer para asimilar tranquila el hecho de que él ya se fue dejándome con el corazón como perforado, con un gran orificio en el centro (metafóricamente hablando, mi músculo cardiaco está intacto).

Pero no pierdo la ingenuidad, no se me va la idea de que puede existir un hombre honesto, que no traicione como mi papá traicionó a mi mamá o como "el-que-ya-se-fue" me ha traicionado...