jeudi 23 mai 2013

De eternas amistades.

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Domingo 7-III-04


Querido Pepe:



No sé exactamente qué día es tu cumpleaños, pero sé que it’s in the air. Acabo de salir del quirófano hace unas semanas estrenando una nueva mandíbula y dentro de tres días voy otra vez para que me quiten toda la “tlapalería” de grapas y bridas que todavía llevo entre la marquetería de mi flamante manducatorial hecho con el peroné de mi pierna izquierda. He dicho a mis hijos que Mr. Merrick es al elefante lo que yo soy al hipopótamo, pero en fin, ya veremos los resultados finales dentro de unos días o al fin de año. El hecho es que por ningún motivo quiero que llegues a los setenta años sin celebrar los cincuenta que hemos sido amigos; unas veces cercanos, y otras veces distantes, pero siempre constantes. Así es la vida. La constancia, aunque sea lejana, vale más que una frecuencia convencional y puramente de aparato. Mi circunstancia clínica no me permite una nostalgia tan minuciosa como la de las cartas que me enviaste cuando yo cumplí los setenta, pero mis sentimientos, aunque menos literarios que los tuyos, son igualmente intensos. A los setenta se vuelve uno serio a chaleco, por lo menos ese ha sido mi caso. No sabe uno muy bien de quién ya se despidió y el ambiente de quirófano y de una inmovilizadora enfermedad casera sólo permite celebraciones sumarias como esta que te hago entre un viaje en camilla y otro. ¡Salud, Pepe! Y ojalá y que esta amistad y esta celebración duren, por lo menos otro tanto. Te abraza, como siempre

Salvador.


By Paulina Lavista (1970)


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Yo te hubiera querido, Sr. Elizondo.




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