mardi 17 septembre 2013

Sobre la madurez.





La temporada después de haberse visto espectadora y partícipe-imaginaria de vastedad de historias de amor. Es cuando una llega a esa especie de constatación mental, una triste confirmación de que ya ha sido bastante drama. 

Después de haber sufrido la locura como un perfil monstruoso y desmesurado una se ve sorprendida con la intención de regresar a la temporada incólume de la vida.

Lo he disfrutado mucho, el pasar por una amplia sucesión de difusos estados emocionales, vivir una suerte de receptividad idiota frente a cada uno de mis libros y frente a cada uno de los muchachos que aparecían en mis nocturnas ficciones, productos de mi imaginación romántica desbocada

No me propongo a abandonar ese aspecto de mí misma... sería una pretensión absurda, sin futuro; lo que trato de expresar es que tal parece que me he enamorado de mi mejor amigo, pero es algo casi serio, sin la existencia de alguna combinación de circunstancias fortuitas que atrofien mi parte más animal del organismo en favor de la inteligencia porque me siento prudente y sensata... tal me parece que en realidad no estoy enamorada. 
Podría pensar que he madurado mentalmente/emocionalmente, que ya soy suficientemente adulto/reflexiva como para entender que debo dejar el romanticismo a mis ratos de intimidad con los libros, los autores y los personajes, para poder respetar la zona temporal de mi interacción con la sociedad de manera tranquila y circunspecta. 





Pero está claro que una mujer dramática siempre estará esperando ante la puerta por el siguiente drama, el secreto está en ser egoísta y solitaria para disfrutar de los placeres del romanticismo sin fastidiar; a esto añado: la madurez consiste en saber disimular la inmadurez.



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