mercredi 27 novembre 2013

22


A veces es otoño.
A veces resulta que ya se tienen 21 años de historia.
A veces alguien decide que es el momento adecuado para romperte el corazón (metafóricamente hablando).
A veces tomas muchas fotografías y escuchas Jazz en el fonógrafo para no llorar.
A veces las personas interesantes mueren.

A veces es invierno y llega la navidad entre piezas de dominó, el sabor del whisky y las palabras reconfortantes.
A veces tienes que hacer tus propios cuadernos para que baje la marea de pensamientos inquietantes.
A veces es 2013 y no hay propósitos de año nuevo.
A veces bebes uvas en forma de vino tinto para no llorar, rompes piñatas y lloras después.
A veces viajas al lugar de la eterna primavera para ver si ahí el invierno es menos gélido, y sí.
A veces te vuelves frágil pero luego te molestan y ese enojo te devuelve la vitalidad.
A veces frecuentas viejos amigos, te regalan bolsitas de té de Jazmín y sonríes.
A veces tienes que ir a una melancólica playa en un breve fin de semana para disolver tus lágrimas amargas en el mar.
A veces imaginas que vuelas al sentir a las frágiles mariposas monarca revoloteando a tu alrededor.
A veces le tomas gusto a los solitarios paseos en bici.
A veces mueren hombres jóvenes.
A veces adquieres afición por los cómics de Kaliman porque te hacen adquirir serenidad y paciencia.
A veces te dedican poemas que no esperas y se vuelven a colorear tus mejillas después de una docena de meses.
A veces es cumpleaños de tu abuelo y lo conmemoras cantando en la azotea entre lágrimas delgadas.
A veces, en la montaña de las ranas, los pececillos te hacen cosquillas en los pies.
A veces estás tan en paz que dejas que tus pequeños dedos regresen a las teclas de marfil del piano blanco.
A veces eliges la trucha que te comerás y lloras al comer.
A veces casi te hacen sentir como Dolores Haze pero tu edad no aplica y te sientes vieja en tu juventud.
A veces te das cuenta de que no necesitas una compañía masculina para salir a pasear, beber el té/café y visitar museos en tu ciudad.
A veces decides tomar la precaución de vestir únicamente calzones bonitos, de flores y lunares, por si el viento te levanta el vestido cuando vas sobre la bici.
A veces te divierte sorprender a los particulares caballeros de la plaza mientras te observan cuando lees.

A veces llega la primavera y también el festival de Jazz y sientes calidez en el corazón.
A veces lees cuentos y poemas a tu perrita como nuevo pasatiempo.
A veces te hacen volar sobre un gran lago bajo el rosado atardecer.
A veces sueñas que te enamoras de un muchacho y piensas en volver a ser parte de otra historia de amor.
A veces te embriagas con Posh para sentirte ruda.
A veces uno de tus amigos se convierte en tío, aprende a preparar cerveza y todo eso lo comparte contigo.

A veces es Verano.
A veces, en Junio, tu paseo en bici es más bonito por llevar flores en la canasta para adornar el cumpleaños de tu hermana.
A veces puedes abrazar a los bebés de tus amigos.
A veces pueden culpar al alcohol por sincerarte, y a tu mejor amigo, lo suficiente como para tomarse de la mano y apoyar tu cabeza en su hombro.
A veces te preguntas si él, que ha sido tu amigo desde 7 años atrás, te gusta como el coprotagonista de tu historia de amor. Irrisorio.
A veces, en el bosque, un joven desconocido te persuade para permitir que robe tus pertenencias pacíficamente, cosas que te había obsequiado el joven que te dejó para estar con otra mujercita, y entre maldiciones le agradeces que te haya liberado de esos recuerdos sin futuro.
A veces, en un viaje de regreso a la ciudad, bajo la fría madrugada, te refugias en los brazos de tu mejor amigo.
A veces te reunes con él para beber el café, después besan sus labios tímidamente y comienzan la bonita historia de amor que crees que bien merecen.
A veces te gustaría ser un pez de colores y beber té de vainilla por siempre.
A veces te regalan azucenas silvestres en un día de lluvia y te sientes otra vez como protagonista de una novela romántica.
A veces tú y él convierten cualquier lugar antiromántico en un agradable paisaje, y te cuenta historias interesantemente particulares.
A veces fallece un señor de la manera más inesperada.
A veces viajas a la edad media.
A veces tienes una cita con un escarabajo llamado Héctor.
A veces quisieras haber sido una musa de Renoir.
A veces vuelas sin alas.
A veces sientes nostalgia por la infancia.

A veces es otoño y en Halloween, él y tú se aman.
A veces escribes su primer apellido antes del tuyo para ver si juntos son armónicos y te da risa de lo ridícula que has de parecer.
A veces es día de muertos y extrañas a los abuelos que te contaban cuentos e historias increíbles cuando eras pequeña.
A veces muere tu tía Eva, devolviendo la mortalidad a las mujeres de tu familia.
A veces te sientas sobre la cama a hojear tus álbumes de fotos y lloras, y sonríes.

A veces cierras los ojos, abres los brazos y, como si fuera la vigésima segunda vez, te dedicas a disfrutar el paso del tiempo








samedi 9 novembre 2013

Sempervivum a la antigua.



De Manuel Gutiérrez Nájera

Para un corpiño.

Las campánulas hermosas,
¿sabes tú qué significan?
Son campanas que repican
en las nupcias de las rosas.
-Las campánulas hermosas
son campanas que repican.
 
¿Ves qué rojas son las fresas?
Y más rojas si las besas...
¿Por qué es rojo su color?
Esas fresas tan suaves
son la sangre de las aves
que asesina el cazador.
 
Las violetas pudorosas,
en sus hojas escondidas,
las violetas misteriosas
son luciérnagas dormidas.
¿Ves mil luces cintilantes
tan brillantes cual coquetas,
nunca fijas, siempre errantes?
¡es que vuelan las violetas!
La amapola ya es casada;
cada mirto es un herido;
la gardenia inmaculada
en la blanca desposada
esperando al prometido.

Cuando flores tú me pides
y te mando "no me olvides".
y esas flores pequeñitas
que mi casto amor prefiere,
a las blancas margaritas
les preguntan; «¿No lo quiere?»

«¡No me olvides!» Frescas flores
te prodigan sus aromas
y en tus hombros seductores
se detienen las palomas.
¡No hay invierno! ¡No hay tristeza!
Con amor, naturaleza
todo agita, todo mueve...,
luz difunde, siembra vidas...

¿Ves los copos de la nieve?
¡Son palomas entumidas!
Tiene un alma cuanto es bello;
los diamantes son los trémulos amantes
de tu cuello.
La azucena que te envío
es novicia que profesa,
y en tu boca es una fresa
empapada de rocío.
Buenos dioses tutelares,
dadme ramos de azahares.
Si me muero, dormir quiero
bajo flores compasivas...
¡Si me muero, si me muero,
dadme muchas siemprevivas!



dimanche 3 novembre 2013

Un jardín de noviembre.



Decidí teletransportar imaginariamente el antiguo Cempoala a mi habitación a través de las flores y su otoñal aroma, y se creó esa peculiar atmósfera tan frecuente en las primeras semanas de mis noviembres, donde puedo verme, confiada, con cierta despiadada claridad, donde se evaporan mis inconsoladas lágrimas de desesperanza y comienzan a formarse los conatos de proyectos para la próxima vuelta al sol, la vigésima-segunda vuelta.